No existe el infinito, pero sí el instante:
abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido;
en él un gesto se hace eterno.
abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido;
en él un gesto se hace eterno.
- Chantal Maillard
Lo encontró en un bolsillo de su maletín que nunca verificaba, pensó que era extraño, pero tenía que asegurarse del contenido de ese pequeño papel doblado. ¿A quién se le ocurre entregar mensajes de ese modo? Pensó por un momento, se desesperó, fácilmente pudo haberse quedado ahí mucho tiempo, sin ser descubierto, pero ¿Quién?
Entonces lo abrió, sin pensarlo comenzó a leer:
Fueron tus ojos, mirándome
o la forma que en silencio me conversabas.
Yo quise tus versos, que a su vez eran historias,
por eso te acompañaba, por eso pensaba quererte.
Ahora eres la distancia, una muerte pasada,
pero al menos sabrás que estuve, que sigo presente.
Fueron tus manos, simples
o la forma en que deseaba aguantarlas.
Yo quise cada voz que se ahondaba,
por eso escuchaba, por eso pasaban los días.
Ahora observo tu rostro, perdiéndose como eco,
pero tu instante,
o la forma que en silencio me conversabas.
Yo quise tus versos, que a su vez eran historias,
por eso te acompañaba, por eso pensaba quererte.
Ahora eres la distancia, una muerte pasada,
pero al menos sabrás que estuve, que sigo presente.
Fueron tus manos, simples
o la forma en que deseaba aguantarlas.
Yo quise cada voz que se ahondaba,
por eso escuchaba, por eso pasaban los días.
Ahora observo tu rostro, perdiéndose como eco,
pero tu instante,
no supe cómo entregarlo al olvido.
Arturo no pudo reaccionar, quiso ver un rostro con las palabras, pero no apareció, quiso amarla, pero ya era muy tarde. No hubo llanto, ni pesadez, simplemente arrojó la carta en una caja de cartón que tenía, de esas que contienen viejas postales, viejos recuerdos y algún olvido. No quedaba más remedio que ser indiferente. Intentó tener curiosidad, pero una lectura fue suficiente para dejarla ir. Al día siguiente continuó, el mismo maletín, la misma rutina, sin pena, sin dolor. Nada cambió.
Los amanres que no nos amaron
ResponderEliminarporque no sabían
que los amamos...
"Yo quise tus versos, que a su vez eran historias"
ResponderEliminarEs genial la entrada Amanda. Me ha gustado mucho. El texto del papel es maravilloso