Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
- Jaime Sabines
Cada ausencia es un hueco
que se ahonda con memorias.
Nunca puede hacerse un final
de las melodías nacidas
en la exactitud de un suspiro.
Ahora los versos persiguen
la ilusión nombrada por los años
que como último intento
sobreviven los fragmentos.
La piel acomoda las miradas
con una precisión inexorable
hasta agotarnos la eternidad
que nunca abrazaremos
por falta de confesión.
¿Dónde se deshacen los nudos
de la insoportable miseria
que hemos llamado amarnos?
¿Existe la respuesta en la velocidad
con que nuestros cuerpos se retiran
hacia el desorden, hacia el vacío?
¿Acaso se ven aquellas sombras
que se esconden bajo los párpados
de las miradas que nos obsequiamos?
¿Supimos vernos?

amarse sin haberse visto, siempre.
ResponderEliminarno siempre se ve lo que se tiene cerca, quizás sea necesario alejarse... no sé...
ResponderEliminarun abrazo
Decía, recién, en un comentario que fue a parar al limbo, seguramente, que la belleza de este texto reside en su simpleza.
ResponderEliminarEso.
Abrazo.
muy bueno!
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