Todo se reune en un recuerdo nasal. Cada silencio huele al miedo de dejar atrás las imágenes y las palabras. Esto se revuelca en mi interior cada vez más fuerte. No se trata de querer recobrar lo que una vez conocimos, imposible volver a nombrar algo tan lejano. Ahora me cuelgo de todas las posibilidades nuevas, de olores nuevos, de imágenes que me esperan en cada país. Y andaba de pronto en mi automóvil y miré sin pensarlo hacia el lado y el olor de la noche me invadió, entonces pensé que nunca es tarde para recuperarse de tanta indecisión. Me pareció familiar el camino, triste y un poco vacío. Sin embargo, aún deseo oler todo ésto que me atrapa. Eso era lo que quería decir, que el olor de mis maletas me da ánimo, que el olor a madera de cada puerta que se cierra me persigue, que el olor de nuestros cuerpos en la mañana es algo sagrado y que nunca voy a olvidar el olor del silencio. Aún cuando ya no recuerde algún rostro o camino de seguro podré recobrar todos los olores que identifican esos momentos.
Me huele a distancia cada vez que cierro los ojos.

la última frase, la última frase.
ResponderEliminar<3 :*
¿Será que habremos de encontrar en cada aroma la cara reversa de las cosas que escapan a nuestros ojos?
ResponderEliminarYa se te extrañaba!
D.
Tampoco voy a olvidar el olor del silencio,
ResponderEliminarExcelentes versos, saludos.
El olor de las maletas es, sin duda, el mejor
ResponderEliminarEs curioso que algo tan propio del ámbito del cuerpo como el olor (o el sabor de una magdalena untada en té) nos haga creer que alcanzamos otros ámbitos trascendentes, más allá del cuerpo.
ResponderEliminarSeguiremos investigando.
Mientras tanto, continuaremos caminando de puntillas.
Gracias a todos <3
ResponderEliminarMe gustó mucho el texto y al igual que Emily creo que la última frase es muy bella. Tu literatura es honesta y hermosa.
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